Una trastienda no es un almacén y no debería leerse como tal

Un cuarto, unas estanterías y alguien que necesita saber si quedan cuatro cajas de algo antes de prometérselas a un cliente.

El stock de una tienda vive en dos sitios poco fiables: una libreta y la memoria de alguien. Funciona hasta que esa persona libra, o hasta que la estantería dice una cosa y la libreta otra y nadie sabe a cuál creer.

La alternativa habitual —un inventario por suscripción— pide una cuenta, una conexión a internet y una cuota mensual para resolver un problema que no sale del local.

Inventario de trastienda para un comercio
  1. 01

    Modo cajas desde la primera pantalla

    El asistente inicial pregunta si trabajas con cajas o con pallets. Eliges cajas y la aplicación no vuelve a nombrar un palé ni un SSCC.

  2. 02

    Mínimos que avisan

    Pon el mínimo de un producto y el panel cuenta lo que ha caído por debajo. La lista de productos filtra justo esos.

  3. 03

    Recuentos que dejan rastro

    Corregir un recuento es un ajuste con su motivo, no un número tachado, así que una cifra rara se puede explicar después.

  4. 04

    Nada a lo que registrarse

    Se instala sin permisos de administrador, funciona sin internet y guarda tus datos en un fichero que puedes copiar.

Dónde se queda corto Una persona a la vez, en un ordenador: no es un sistema multiusuario en red y no controla ventas — controla lo que hay en el cuarto.

Se compra una vez. Se usa mientras sirva.

El precio sube cada cinco licencias vendidas y no vuelve a bajar. Lo que pagues hoy es lo que costó esta copia, para siempre.